La inesperada reelección de Luiz Inácio Lula da Silva provocó una rápida revisión del real y de las principales exportaciones agrícolas brasileñas. La moneda pasó de R$4,98 por dólar antes de la votación del 25 de octubre a R$5,60 la mañana siguiente, su mayor caída diaria desde 1999.
El shock cambiario modificó de inmediato los incentivos de los exportadores. Como los cultivos se venden en dólares mientras salarios, combustible y muchos gastos internos se pagan en reales, una moneda más débil permite aceptar precios internacionales menores sin perder el mismo retorno local.
Los futuros de azúcar crudo cerraron la semana con una baja del 4,3% después de caer hasta 7%. El café arábica perdió 5,9%, la soja 2,9% y el jugo de naranja cotizó cerca de 8% por debajo del nivel previo a la elección. Brasil lidera las exportaciones mundiales de los cuatro.
El movimiento castigó a los fondos concentrados en apuestas alcistas. Antes de la elección, la posición especulativa neta compradora en azúcar había alcanzado un máximo de cinco años de 269.008 contratos, mientras la del café arábica había subido casi 60% en una semana.
El tipo de cambio no es la única fuerza. El Niño y un monzón débil en India sostienen el azúcar, las lluvias demoraron la cosecha de caña brasileña y la humedad dañó la calidad del café. Por eso, las existencias certificadas siguen en mínimos históricos pese a una gran cosecha.
El jugo de naranja enfrenta otra debilidad: los consumidores reducen el azúcar y eligen otras bebidas. La oferta brasileña más barata profundizó la caída, pero los precios menores todavía no reactivaron claramente la demanda, dejando a los exportadores presionados por ambos lados.
La próxima dirección depende de la respuesta fiscal de Lula. Los inversores temen que déficit y deuda mantengan altas las tasas y debiliten más al real, alentando ventas anticipadas de la próxima cosecha. Sin embargo, la depreciación también encarece los fertilizantes importados y limita la protección cambiaria.



