Las autoridades sanitarias de Estados Unidos propusieron exigir que los fabricantes de alimentos notifiquen a la Administración de Alimentos y Medicamentos antes de incorporar nuevos ingredientes o aditivos a productos procesados y envasados. Las empresas tendrían que documentar y presentar la base de seguridad de cada sustancia, dando a los reguladores la oportunidad de investigar riesgos potenciales antes de su uso generalizado.
La medida apunta al mecanismo aplicable a las sustancias consideradas generalmente reconocidas como seguras, conocido como GRAS. Desde 1997, los fabricantes pueden determinar por su cuenta que un aditivo cumple ese estándar mediante evidencia científica pública y consenso de expertos, sin necesidad de avisar a la FDA. Se estima que unos 10.000 aditivos, incluidos conservantes, espesantes e ingredientes de envases, están permitidos en el suministro alimentario estadounidense.
La FDA recibirá comentarios públicos durante 120 días. Bajo el proyecto, la agencia debería examinar las notificaciones dentro de los 180 días y podría solicitar más información o pedir a una empresa que postergue la introducción si detecta una preocupación de seguridad. También planea publicar una lista de los ingredientes presentados por los fabricantes.
La notificación no equivaldría a una revisión obligatoria de seguridad para cada ingrediente. El comisionado interino de la FDA, Kyle Diamantas, explicó que la propuesta busca dar visibilidad a la agencia sobre las conclusiones empresariales; exigir una evaluación formal de todos los nuevos aditivos requeriría una ley del Congreso. Susan Mayne, exdirectora del programa alimentario de la FDA, advirtió que aparecer en la lista pública no significaría que la agencia avala la seguridad de una sustancia.
Las organizaciones de consumidores describieron el cambio como un primer paso, pero reclamaron que el aviso previo se combine con estándares científicos y un examen independiente antes de permitir químicos en los alimentos. Melanie Benesh, del Environmental Working Group, pidió esa protección más amplia. Los representantes de la industria alimentaria sostienen que sus revisiones internas son tan rigurosas como el proceso de la agencia.
En una acción separada, la FDA informó que terminó la primera definición federal de alimento ultraprocesado y la envió a la Casa Blanca para una revisión adicional. La redacción no fue publicada. Una definición gubernamental podría orientar futuras investigaciones y, con el tiempo, respaldar advertencias u otras restricciones, aunque ninguna de las dos iniciativas modificaría las dietas de manera inmediata.
Los alimentos ultraprocesados suelen recurrir a métodos industriales y a ingredientes como colorantes, conservantes y aditivos que no se usan habitualmente en cocinas domésticas. La categoría incluye cereales azucarados, gaseosas, papas fritas y pizzas congeladas, pero una definición amplia también puede abarcar productos nutritivos como pan integral, yogur y granola. Algunas propuestas clasificatorias exceptúan por eso a los alimentos que cumplen estándares nutricionales pese a contener ingredientes procesados.
El secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., convirtió la supervisión más estricta de colorantes artificiales, aditivos y procesamiento de alimentos en un objetivo central. Afirmó que el gobierno pedirá facultades adicionales al Congreso para que la FDA pueda acompañar los cambios en el suministro alimentario. La propuesta actual reduce una brecha de información, pero deja sin resolver la revisión obligatoria de seguridad antes de la comercialización.



