Japón compró alrededor de 1,53 millones de barriles de petróleo ruso en mayo y junio, reintroduciendo un flujo limitado pero políticamente sensible dentro del debate energético del país. Las importaciones fueron valuadas en 25.700 millones de yenes, unos 157,6 millones de dólares, lo que implica un precio promedio cercano a los 103 dólares por barril.
Los volúmenes surgen de las estadísticas comerciales japonesas del primer semestre del año. En términos físicos, las compras alcanzaron 243.000 kilolitros de crudo, una cifra modesta frente a las necesidades totales de importación de Japón, pero significativa porque el petróleo ruso sigue condicionado por la política de sanciones y por la fractura geopolítica más amplia en torno a Ucrania.
Los cargamentos fueron gestionados por grandes petroleras japonesas, entre ellas Taiyo Oil, Idemitsu Kosan y ENEOS. Las compañías describieron las compras como parte de un esfuerzo por ampliar la base de abastecimiento de Japón, no como un regreso amplio al crudo ruso.
Los envíos estuvieron vinculados al petróleo de Sajalín producido bajo el proyecto de gas natural licuado Sakhalin-2. Esa conexión es relevante porque el crudo está asociado a contratos de GNL y queda comprendido dentro de una excepción a las sanciones, preservando un canal estrecho para los flujos energéticos entre Japón y Rusia.
Japón ha dependido de Medio Oriente para más del 90 por ciento de sus importaciones de petróleo en los últimos años, con una parte importante de esos envíos transitando por el estrecho de Ormuz. Esa dependencia mantuvo la diversificación como una prioridad para Tokio, aun cuando el Gobierno conserva su alineamiento con las restricciones del Grupo de los Siete sobre la energía rusa.
Funcionarios rusos y algunas figuras políticas japonesas han sostenido que la cooperación energética no debería cortarse por completo, citando la fuerte dependencia japonesa de combustibles importados. Sin embargo, el futuro de cualquier esquema petrolero más amplio sigue condicionado por las sanciones, el tope de precio al crudo ruso y la posición estratégica de Estados Unidos en las decisiones externas de Japón.



