El Banco de Japón mantuvo su tasa de corto plazo en 1 por ciento, pero señaló que una nueva suba podría llegar en septiembre. Por primera vez, su informe trimestral advirtió expresamente que la inflación subyacente puede superar la meta de 2 por ciento.
El gobernador Kazuo Ueda dijo que las próximas decisiones prestarán mayor atención a los riesgos alcistas de precios. Sostuvo que retrasar una medida necesaria cuando la inflación está cerca de exceder la meta podría materializar el riesgo y terminar dañando la economía.
La decisión cerró una reunión de dos días y llegó un mes después de que el banco llevara el costo del crédito a su máximo en 31 años. Hajime Takata fue el único miembro disidente y propuso un aumento inmediato a 1,25 por ciento.
El nuevo panorama identificó la fuerte demanda de tecnología de inteligencia artificial, la volatilidad cambiaria y la situación de Medio Oriente como factores inflacionarios. Los chips más caros y un yen débil pueden elevar los costos aunque los riesgos generales para el crecimiento estén equilibrados.
Antes de la decisión, el Gobierno japonés intervino en el mercado de Nueva York para comprar yenes y vender dólares. La operación reflejó la preocupación por el encarecimiento de las importaciones y el impacto adicional sobre hogares y comercios.
El anuncio elevó el rendimiento de los bonos públicos japoneses a dos años. El yen reaccionó poco al principio y luego se fortaleció con fuerza durante la rueda europea, cuando los operadores vigilaban la posibilidad de otra intervención oficial.
La moneda había caído a su nivel más bajo en 40 años tras una secuencia lenta de aumentos. La intervención récord de 73.000 millones de dólares entre fines de abril y comienzos de mayo no revirtió la tendencia. La mayoría de los economistas espera una tasa de 1,25 por ciento al cierre del año.
El énfasis de Ueda en las expectativas de inflación de mediano y largo plazo refuerza el argumento para ajustar, pero la política monetaria es solo una influencia sobre la moneda. La política fiscal, la energía y los flujos de capital determinarán si un banco central más restrictivo logra una recuperación duradera del yen.



