Estados Unidos amplió su despliegue diplomático ante el estancamiento de las negociaciones con Irán e incorporó a Austria y Grecia a una búsqueda antes centrada en contactos irregulares con Omán, Pakistán, Turquía y Qatar. El secretario de Estado Marco Rubio recibió en Washington a la canciller austríaca Beate Meinl-Reisinger y un día después habló por teléfono con el griego George Gerapetritis.
Los dos ministros europeos llamaron luego al canciller iraní Abbas Araghchi. El Departamento de Estado afirmó que Rubio no había pedido a ninguno contactar a Teherán ni transmitir mensajes, aunque reconoció que Irán fue parte de las conversaciones. Un diplomático europeo informado sobre los contactos sostuvo que la secuencia no fue accidental.
La participación europea parece más cercana a la presión diplomática que a una mediación formal. Analistas señalaron que los países afectados por la guerra y por el cierre efectivo del estrecho de Ormuz a manos de Irán instan a ambos lados a retroceder, pero advirtieron que una mediación genuina exige confianza y no puede improvisarla un Estado sin posición consolidada ante Washington y Teherán.
Reabrir el estrecho de Ormuz se convirtió en la prioridad inmediata de Washington. Cerca de una quinta parte del petróleo mundial pasa habitualmente por ese corredor, que estaba abierto antes de que Estados Unidos e Israel atacaran Irán el 28 de febrero. Los costos económicos de la guerra y la reducción de reservas de armas clave también generan presión política antes de las elecciones legislativas de noviembre.
Austria aporta un perfil diplomático particular. Viena alberga al Organismo Internacional de Energía Atómica y fue sede de las negociaciones finales que produjeron el acuerdo nuclear de 2015. Su gobierno ofreció al país como sede de futuras conversaciones, afirmó que no puede haber una solución militar y situó la estabilidad regional y la libertad de navegación en el centro de su llamado.
Grecia dispone de una influencia diferente como gran nación marítima del Mediterráneo con importantes intereses navieros en el estrecho de Ormuz y el mar Rojo. Gerapetritis recibió de Araghchi información sobre la evolución regional y las conversaciones relativas al estrecho, y subrayó la libertad de navegación y la seguridad marítima.
Teherán presentó las llamadas como discusiones sobre mecanismos para gestionar el estrecho después de lo que Araghchi calificó de agresión ilegal de Estados Unidos e Israel. En ambas conversaciones, acusó a Washington de violar el acuerdo provisional firmado en junio para detener las hostilidades inmediatas e iniciar negociaciones más amplias.
Los nuevos contactos muestran que la disrupción del corredor petrolero amplió el círculo de países que buscan terminar el conflicto. También revelan los límites de la iniciativa: Austria puede ofrecer una sede y experiencia nuclear, y Grecia enfatizar la seguridad naviera, pero ninguna ha conciliado todavía las versiones contrapuestas de la guerra ni logrado el regreso a una negociación directa entre Estados Unidos e Irán.



