África

Putin usa la cumbre Rusia-África para desafiar la influencia occidental

Cuarenta y ocho países africanos asistieron al foro de Moscú, que combinó promesas comerciales y alimentarias con un llamado a un orden multipolar y mayores lazos de seguridad.

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Vladimir Putin recibió en Moscú a decenas de líderes africanos en una cumbre de dos días destinada a ampliar el alcance político, económico y de seguridad del Kremlin. Participaron 48 países, aproximadamente 20 de ellos representados por jefes de Estado o de gobierno.

Putin presentó el encuentro como prueba del fin del predominio occidental y del avance irreversible de un sistema multipolar. Sostuvo que África debe influir más en las decisiones del FMI y el Banco Mundial, y ubicó a Moscú como defensora de una reforma institucional.

Los alimentos y las materias primas fueron el centro práctico de la oferta. Rusia ya suministra cereales y fertilizantes a más de 40 países africanos y promete ampliar las entregas, mensaje dirigido a gobiernos que enfrentan precios altos, necesidades agrícolas y dependencia importadora.

El valor estratégico de África también reside en su peso demográfico y diplomático. Sus 54 Estados forman el mayor bloque de votos en Naciones Unidas, mientras una población cercana a 1.600 millones otorga mayor capacidad de negociación frente a Rusia, China, Europa y Estados Unidos.

Las relaciones de seguridad amplían la influencia rusa. Los gobiernos militares de Mali, Burkina Faso y Níger rompieron con antiguos socios occidentales y recibieron primero a Wagner y luego al Africa Corps, bajo mando directo del Ministerio de Defensa ruso.

Los despliegues recientes muestran ese papel. El Africa Corps ayudó a las autoridades de Níger a derrotar un motín militar en agosto. Las estimaciones ubican entre 1.700 y 2.000 contratistas rusos en los tres países del Sahel y alrededor de 1.000 en República Centroafricana.

La cumbre combina, así, puesta en escena diplomática y acuerdos duraderos. Los gobiernos africanos obtienen opciones en alimentos, armas y apoyo político; Moscú busca votos, mercados y acceso estratégico. El resultado dependerá de que las promesas beneficien a la población y no solo a las élites de seguridad.