El enviado francés para minerales estratégicos sostiene que las economías industriales pueden construir una alternativa aceptable al suministro chino en tres a cinco años. Es una previsión optimista, pero se apoya en proyectos en desarrollo y no promete independencia total.
China suministra hasta 90% de algunos imanes especializados usados en vehículos, electrónica, energía y defensa. Las restricciones de exportación del año pasado mostraron cómo un cuello de botella puede interrumpir rápidamente la producción automotriz fuera de China.
Benjamin Gallezot afirma que los volúmenes son manejables y la diversificación ya comenzó. Avanzan minas y refinerías en Australia, Estados Unidos, Japón, Brasil e India, ampliando la base geográfica de materias primas y procesamiento.
Europa también reconstruye capacidad técnica. Solvay en Bélgica y Carester en Francia desarrollan separación y reciclaje para recuperar conocimientos que migraron hacia China cuando productores occidentales abandonaron una actividad compleja y contaminante.
La brecha más difícil ya no es extraer mineral. Fabricar imanes de alto rendimiento exige química precisa, equipos especializados, ingenieros experimentados y clientes dispuestos a contratos largos que sostengan nuevas plantas.
Por eso, analistas dudan de que todos los proyectos alcancen escala comercial a tiempo. La ventaja china incluye conocimiento acumulado, proveedores integrados y capacidad para influir en precios, debilitando la rentabilidad de competidores.
El G7 fijó en junio la meta de reducir a menos de 60% para 2030 la dependencia de cualquier proveedor externo al grupo y sus socios, con un objetivo final de 50%. Requiere compras, financiación y regulación coordinadas.
El horizonte de tres a cinco años es una prueba de ejecución. Los gobiernos solo reducirán la exposición si conectan minas, refinerías, plantas de imanes y usuarios finales, en lugar de tratar cada proyecto como anuncio aislado.



