El presidente de Myanmar, Min Aung Hlaing, se reunió en Putrajaya con el primer ministro malasio, Anwar Ibrahim, durante su primera visita a Malasia desde que asumió en abril. El viaje prolongó una campaña diplomática para reconstruir vínculos dañados por el golpe militar de 2021 y la guerra civil posterior.
Anwar ofreció cooperación, pero mantuvo sus reclamos por la falta de reformas democráticas y la continuidad de la violencia. Malasia subrayó que recibir a Min Aung Hlaing no equivalía a reconocer formalmente a su gobierno, surgido de una elección cuestionada por consolidar el control militar.
Los vínculos económicos fueron el núcleo positivo del encuentro. Anwar afirmó que el comercio bilateral creció más de un 140% interanual, mientras Min Aung Hlaing describió a Malasia como el cuarto socio comercial y noveno inversor de Myanmar.
Fue la quinta visita de Min Aung Hlaing a un miembro de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, tras Laos, Tailandia, Vietnam y Camboya. Esos contactos bilaterales restauran gradualmente su acceso aunque la ASEAN todavía excluye a Myanmar de sus reuniones de máximo nivel.
Las repatriaciones generaron la principal disputa. Malasia devolvió este año a 10.493 ciudadanos de Myanmar, casi 1.500 de ellos la semana anterior, y prevé traslados escalonados de unas 5.000 personas que aceptaron regresar.
Myanmar prometió acelerar el proceso y enviar un buque naval para colaborar. Malasia aún mantiene a 11.804 ciudadanos de Myanmar en centros de detención, mientras organizaciones humanitarias advierten sobre persecución, reclutamiento forzoso y exposición a una guerra activa.
Malasia alberga a unos 215.600 refugiados y solicitantes de asilo registrados, entre ellos aproximadamente 126.000 rohinyás. No integra la Convención de la ONU sobre Refugiados y considera migrantes indocumentados a los refugiados, lo que mantiene una tensión entre control migratorio y protección.
Una protesta en Kuala Lumpur mostró el costo político de la recepción oficial. La apertura puede ampliar el comercio y la comunicación, pero también reducir la capacidad de presión de la ASEAN si no produce avances verificables sobre violencia, presos políticos y transición civil.



