Ataques con drones alcanzaron a dos petroleros cerca de la terminal marítima del Consorcio del Oleoducto del Caspio, en las afueras de Novorossiysk, y obligaron a suspender nuevamente la carga de crudo. El incidente afectó una salida estratégica del mar Negro que lleva petróleo del oeste de Kazajistán a los mercados internacionales.
El Nissos Sifnos, con bandera de las Islas Marshall, fue alcanzado a la 1:48 de Moscú mientras cargaba crudo de Tengizchevroil en la boya SPM-3. Se produjo un incendio en la cubierta de carga, cerca de los colectores de recepción, que la tripulación apagó con ayuda de tres buques de apoyo del CPC.
No hubo muertos ni heridos entre empleados, contratistas o tripulantes, y no se detectó derrame. El petrolero permaneció a flote mientras se evaluaban los daños; el consorcio indicó que el oleoducto principal seguía funcionando aunque la carga marítima estaba detenida.
Una segunda nave, el Marathi, con bandera de la Isla de Man, fue atacada a seis millas náuticas de la terminal cuando se acercaba a recibir crudo. Los dos hechos expusieron tanto a petroleros conectados al sistema de carga costa afuera como a buques todavía en navegación.
Los ataques del 30 de julio siguieron a una secuencia concentrada sobre la misma terminal. Nordic Zenith fue dañado y se incendió el 17; Asia y Nissos Ios fueron atacados durante la carga el 19; y Nelsa recibió un impacto el 20. Los incendios fueron controlados y no se registraron derrames.
El CPC detuvo y reanudó varias veces los embarques. La carga volvió la noche del 19 de julio, se frenó otra vez tras el ataque del 20 y se retomó el 27, para quedar suspendida nuevamente tres días después.
El consorcio opera un oleoducto de 1.511 kilómetros que conecta campos del oeste de Kazajistán con la costa rusa del mar Negro. Entre sus accionistas hay compañías vinculadas a los Estados ruso y kazajo, además de Chevron, Lukoil, ExxonMobil y una sociedad de Rosneft y Shell.
La repetición de ataques creó un riesgo operativo sobre un corredor exportador central del Caspio aun sin víctimas ni contaminación. Cada interrupción puede alterar cronogramas y flujos de crudo, mientras los impactos cerca de los colectores elevan el costo potencial para la navegación y la infraestructura costera.



