Casi seis millones de personas sufren hambre severa en Haití y cerca de dos millones ya atraviesan condiciones de emergencia. La evaluación más reciente ubica a 5,94 millones en necesidad aguda, más de la mitad de la población de un país de casi 12 millones.
La perspectiva empeora en lugar de estabilizarse. El número podría llegar a 6,35 millones a mediados de 2027, unos 250.000 más que en la medición de abril. El aumento coloca a Haití entre las mayores concentraciones mundiales de inseguridad alimentaria aguda.
La violencia de las pandillas interrumpe toda la cadena alimentaria. Los grupos armados expulsan agricultores, bloquean carreteras hacia Puerto Príncipe y otras ciudades y demoran entregas durante días. Las organizaciones humanitarias deben negociar accesos mientras alimentos y suministros quedan detenidos.
El desplazamiento multiplica la presión. Familias expulsadas de sus hogares se trasladan repetidamente entre refugios improvisados, lo que dificulta registrarlas, ubicarlas y asistirlas. Algunas personas recorren hasta 15 kilómetros para llegar a un punto de distribución de alimentos o efectivo.
Los altos precios de alimentos y combustible agravan el daño de la inseguridad. Un fenómeno de El Niño extremo amenaza cosechas y medios de vida rurales al mismo tiempo que los cortes de transporte encarecen los productos básicos. El impacto alcanza zonas bajo fuego y otras alejadas de los combates.
El deterioro fue rápido durante la última década. Apenas 2% de los haitianos padecía inseguridad alimentaria en 2014. El huracán Matthew destruyó cultivos en 2016 y la posterior expansión de bandas armadas debilitó progresivamente la agricultura, el comercio interno y los servicios públicos.
La capacidad humanitaria queda por detrás de la necesidad. Las organizaciones reparten arroz, frijoles y dinero, pero no llegan de manera constante a todas las comunidades. El Programa Mundial de Alimentos necesita US$78 millones hasta marzo y el informe exige ampliar urgentemente la asistencia.



