Europa

András Baka es elegido presidente de Hungría y profundiza la ruptura con la era Orbán

El Parlamento eligió al exjuez de la Corte Suprema y del tribunal europeo de derechos humanos por 140 votos contra seis, y situó al frente del Estado a un jurista desplazado durante el gobierno de Viktor Orbán.

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El Parlamento de Hungría eligió a András Baka como presidente en una sesión extraordinaria y otorgó al expresidente de la Corte Suprema y exjuez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos 140 votos contra seis. El jurista de 72 años fue el único candidato, mientras el partido Fidesz de Viktor Orbán boicoteó la votación.

Baka fue nominado por el gobernante partido Tisza, cuya mayoría parlamentaria de dos tercios era suficiente para elegirlo sin respaldo opositor. Su llegada aporta al gobierno del primer ministro Péter Magyar otra señal institucional de alejamiento respecto del orden político construido durante los años de Orbán en el poder.

La elección encierra una reversión histórica directa. Baka fue removido de la presidencia de la Corte Suprema húngara en 2011, tres años antes de que concluyera su mandato. Más tarde ganó una demanda contra Hungría ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos por las circunstancias de su destitución.

Baka sucede a Tamás Sulyok, un dirigente leal a Orbán que dejó la presidencia el mes pasado después de firmar una reforma constitucional aprobada por la mayoría parlamentaria de Tisza. El reemplazo traslada el cargo, en gran medida ceremonial, desde una figura asociada con el gobierno anterior hacia un jurista cuya carrera quedó vinculada a las disputas sobre la independencia judicial.

En su discurso de aceptación, Baka sostuvo que Hungría necesitaba una reflexión seria sobre el funcionamiento del Estado después de dos décadas de tensión institucional y profunda división social. Rechazó la revancha como fundamento de la renovación política y afirmó que no puede construirse un futuro común mientras los ciudadanos se traten como enemigos.

El nuevo presidente vinculó la reconstrucción democrática con una cultura constitucional que acepte los límites al poder ejecutivo, la crítica y el compromiso. Dijo que el cambio político no debe limitarse a invertir quién siente miedo, exclusión u obligación de callar, y advirtió contra el diseño de una futura constitución al servicio de una mayoría circunstancial.

Baka prometió neutralidad partidaria, pero señaló que el cargo no puede ser neutral frente a los valores democráticos ni a la diversidad de opiniones públicas. También definió la recuperación de las relaciones de Hungría con Europa y sus aliados como un interés nacional fundado en la historia, la cultura y la posición estratégica del país.

La votación completa un recorrido notable desde la destitución temprana de Baka bajo Orbán hasta su elección como jefe de Estado durante el gobierno de Magyar. Sus facultades estarán limitadas por el carácter acotado de la presidencia, pero el simbolismo de la designación plantea al nuevo gobierno una prueba visible: avanzar con el cambio institucional sin reproducir las exclusiones que condena.