El presidente chino, Xi Jinping, le dijo al mandatario brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, que Pekín apoya a Brasil en la defensa de su soberanía y el rechazo a las interferencias externas. Durante una conversación telefónica, Xi también propuso fortalecer la coordinación estratégica entre ambos países tanto en los asuntos bilaterales como en los foros multilaterales.
El intercambio se produjo mientras Brasil enfrentaba una disputa diplomática creciente con Argentina. El presidente Javier Milei había atacado a Lula y a otras autoridades brasileñas durante un acto político en São Paulo en apoyo al senador Flávio Bolsonaro, sumando una nueva confrontación bilateral a un escenario regional ya complejo.
Xi destacó el estatus internacional y la influencia de Brasil y respaldó una contribución brasileña más activa a la paz y la estabilidad regionales y mundiales. Su mensaje situó la defensa de la autonomía brasileña dentro de la asociación estratégica más amplia que Pekín y Brasilia construyeron como grandes economías emergentes.
El presidente chino también vinculó la relación con la posición del Sur Global. Convocó a China y Brasil a desempeñar un papel constructivo en la reforma de la gobernanza mundial, la defensa de la justicia internacional y una coordinación más estrecha en las instituciones donde los países en desarrollo buscan mayor representación.
La disputa inmediata con Argentina escaló después de que Milei dirigiera insultos contra Lula y criticara al juez del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes. Brasil llamó a consultas a su embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli, y solicitó una reunión con el embajador argentino en Brasilia, Daniel Raimondi, para transmitir el rechazo formal a las declaraciones realizadas en territorio brasileño.
La conversación entre Xi y Lula también tuvo un componente comercial concreto. Lula afirmó que ambos líderes apoyaron el avance de las negociaciones sobre un posible acuerdo entre China y el Mercosur, el bloque sudamericano formado por Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, preservando al mismo tiempo las flexibilidades requeridas por sus miembros.
Brasil presentó esas conversaciones como parte de una política de diversificación de mercados y socios comerciales. Lula y Xi identificaron la inteligencia artificial, la tecnología satelital, el procesamiento de minerales críticos y el comercio de fertilizantes como áreas prioritarias para profundizar la cooperación, vinculando la coordinación política con intereses industriales, tecnológicos y de abastecimiento.
No se anunció un calendario ni un marco detallado de negociación para un acuerdo entre China y el Mercosur. Aun así, la combinación de respaldo a la soberanía, coordinación multilateral y cooperación sectorial dio a la llamada un alcance mayor que la disputa inmediata entre Lula y Milei y reforzó la relación bilateral como instrumento diplomático y económico.



