El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, dijo que planea proponer a China un proceso de notificación de emergencia para casos en los que sistemas de inteligencia artificial funcionen mal. Explicó en The Axios Show que cree que Pekín aceptaría un canal para comunicar rápidamente incidentes peligrosos.
La propuesta sigue a conversaciones sobre seguridad de IA entre Bessent y el viceprimer ministro He Lifeng antes de la visita de Estado de Xi Jinping en septiembre. Esos contactos incluyeron la idea de un canal de incidentes, pero las declaraciones describen un plan que Washington impulsará y no un acuerdo bilateral cerrado.
Bessent dijo que las conversaciones abarcaron agentes de IA fuera de control y la posibilidad de que actores no estatales utilicen modelos avanzados para ataques cibernéticos o amenazas biológicas. Esos riesgos afectarían a ambos países incluso mientras compiten por capacidad informática, modelos avanzados e influencia tecnológica.
Sostuvo que China pudo haber subestimado el alcance de sus propios modelos abiertos. Como ejemplo citó un episodio en el que el modelo chino Kimi habría enviado datos sensibles a Anthropic, afirmando que eso mostró a Pekín cuán poderosa y difícil de contener puede ser la tecnología.
Bessent describió los principales modelos chinos como capaces de alcanzar entre 80% y 90% del rendimiento estadounidense, pero disponibles sin salvaguardas comparables para ser adaptados en cualquier país. Esa combinación de acceso amplio y gran potencia crea preocupaciones comunes que exceden la carrera bilateral.
China también teme que la IA debilite el control informativo del Partido Comunista. Su jefe de inteligencia advirtió que la tecnología podría habilitar guerra informativa y cognitiva contra el Gobierno, convirtiendo la gobernanza de modelos en un asunto de estabilidad política además de seguridad técnica.
Estados Unidos enfrenta su propia tensión entre velocidad y cautela. Bessent definió el enfoque como aceleración segura y dijo que las revisiones son voluntarias, aunque el Gobierno se reserva intervenir si un laboratorio avanza pese a riesgos graves. La responsabilidad inicial, sostuvo, corresponde a las empresas.
Consultado sobre ejecutivos que temen perder el control de sistemas poderosos, Bessent respondió que deberían reducir la velocidad. Pidió concentrarse en resiliencia y protección de infraestructura crítica, no sólo en llegar a la frontera tecnológica. El canal probaría si rivales estratégicos pueden cooperar ante peligros comunes precisos.



