Taiwán redujo drásticamente la velocidad de internet durante simulacros de ataque aéreo y reprodujo por primera vez una ofensiva coordinada contra las comunicaciones. Las sirenas vaciaron las calles y enviaron a los residentes a refugios mientras videollamadas, streaming, pagos móviles y redes sociales con alto consumo de datos quedaban lentos o inutilizables.
El ejercicio de red se realizó en dos días distintos en 14 ciudades y condados del norte y centro de Taiwán, donde vive cerca del 70 % de los 23 millones de habitantes de la isla. La disrupción buscó volver tangible la emergencia: mensajes laborales no llegaron, los videos apenas cargaron y algunos envíos en redes tardaron unos 30 segundos.
Los participantes de defensa civil también probaron una forma de comunicarse sin internet. Wang Chen-wen, responsable de un grupo local de capacitación, conectó por Bluetooth un pequeño dispositivo al teléfono para enviar textos mediante señales de radio de largo alcance y baja potencia. Los mensajes circularon en una plataforma abierta entre distritos de Taipéi, aunque no todos llegaron.
Las autoridades quieren que la población prepare canales alternativos antes de una crisis y consideran la incomodidad parte del aprendizaje. Tzeng Yi-suo, del Instituto de Investigación de Defensa y Seguridad Nacional, sostuvo que la repetición de ejercicios puede aumentar la conciencia pública y mostrar qué sistemas de respaldo funcionan cuando se restringen las comunicaciones habituales.
La prueba responde a la preocupación por los 16 cables submarinos internacionales y los 10 nacionales que forman la línea de vida digital de Taiwán. Varios sufrieron daños en incidentes con barcos chinos o vinculados con China. La guardia costera taiwanesa califica esa presión como una táctica de zona gris que consume recursos sin llegar a una guerra abierta; dos capitanes chinos fueron condenados en 2025 por casos separados.
Taiwán busca así alternativas superpuestas para que una sola falla no aísle la isla. Entre las opciones figuran satélites de órbita terrestre baja, a partir de la experiencia ucraniana tras los daños a la infraestructura convencional. En julio se aprobaron reformas legislativas que podrían habilitar a Starlink, aunque los amplios intereses comerciales de Elon Musk en China generan dudas sobre esa dependencia.
Funcionarios y organizadores de defensa civil consideran esencial sostener información confiable cuando un corte produce incertidumbre y temor aprovechables por actores hostiles. El ejercicio convirtió ese problema estratégico en una experiencia cotidiana y puso a prueba tanto la infraestructura nacional como los hábitos domésticos, con la meta de que cada residente tenga un plan básico antes de una emergencia.



