El presidente ruso, Vladimir Putin, afirmó que la inflación se había desacelerado al 8,8 % a fines de julio de 2025, frente al 10,3 % registrado en marzo. Durante una reunión sobre la situación económica, proyectó que el aumento de los precios al consumidor podía bajar a un rango de entre 6 % y 7 % al cierre del año, por debajo de las expectativas anteriores.
Putin describió la desaceleración como un logro económico importante, pero su evaluación también expuso la tensión de política económica detrás de condiciones más restrictivas. Reconoció que aumentaban tanto el desempleo oficial como el oculto, aunque la tasa general permanecía en un mínimo histórico.
El presidente señaló que algunos economistas advertían sobre un enfriamiento excesivo e incluso la posibilidad de una recesión. Sostuvo que el Banco de Rusia mantenía la situación bajo control y presentó la desaceleración como parte del esfuerzo por llevar la economía hacia una trayectoria más equilibrada.
El gobierno y el banco central habían recibido en 2025 la tarea de reducir la inflación y, al mismo tiempo, preservar niveles de desempleo persistentemente bajos. Las declaraciones de Putin mostraron que ambos objetivos comenzaban a entrar en tensión mientras la menor presión sobre los precios aparecía junto con señales iniciales de deterioro laboral.
El gobierno también había comenzado a preparar el presupuesto federal para el período 2026-2028. Putin lo definió como el principal documento financiero del país y dijo que debía atender prioridades estratégicas, mejorar la calidad de vida y respaldar el desarrollo del sector social.
Añadió que el proceso presupuestario debía considerar las condiciones de los mercados mundiales y calificó de estable la posición fiscal rusa. La reunión combinó así una perspectiva más favorable para la inflación con dos restricciones emergentes: el enfriamiento de la economía interna y un entorno externo capaz de alterar los supuestos del próximo presupuesto trienal.



