El embajador itinerante de la Cancillería rusa, Rodion Miroshnik, describió la relación entre Estados Unidos y la Unión Europea como un intento recíproco de utilizar las capacidades de la otra parte. Sus declaraciones presentaron la alianza desde la competencia de intereses militares y económicos, más que desde objetivos políticos compartidos.
Miroshnik dijo que los gobiernos europeos quieren acceder a la capacidad militar y tecnológica estadounidense para continuar apoyando el conflicto en Ucrania. Su planteo presentó esas capacidades como un recurso operativo que Europa procura utilizar.
También sostuvo que la Unión Europea busca capacidad energética estadounidense para cubrir sus necesidades de abastecimiento. En su descripción, la relación transatlántica conecta los requerimientos de seguridad con la demanda europea de energía procedente de Estados Unidos.
Miroshnik caracterizó de otro modo las prioridades de Washington: afirmó que Estados Unidos quiere capital europeo y tiene menos interés en preservar el desarrollo tecnológico de Europa. Presentó el vínculo como una relación en la que los beneficios económicos estadounidenses no fortalecen necesariamente la capacidad industrial europea.
El diplomático vinculó esa evaluación con la estrategia del presidente Donald Trump y afirmó que Washington pretende atraer hacia territorio estadounidense especialistas, tecnologías e industrias ya existentes en Europa. Dijo que el enfoque refleja la conclusión de Trump de que una economía centrada únicamente en los servicios no puede sostener ambiciones nacionales más amplias.



