España afirmó que el movimiento extraordinario de migrantes hacia Ceuta comenzó a revertirse después de que unas 50.000 personas cruzaran desde Marruecos por tierra y mar desde el jueves por la mañana. El Ministerio del Interior estimó que alrededor de 25.000 ya habían regresado voluntariamente.
Las fuerzas de seguridad marroquíes usaron bastones y gases lacrimógenos contra las multitudes junto a los pasos, mientras vehículos militares españoles se desplegaron del lado del enclave. Hubo camiones hidrantes y quedaron un autobús incendiado y siete automóviles dañados tras los choques.
El costo humano seguía en discusión. Las autoridades españolas recuperaron inicialmente al menos 19 cuerpos del agua, mientras el jefe del Gobierno de Ceuta, Juan Jesús Vivas, calculó que pudieron entrar hasta 60.000 personas y elevó la cifra de muertos a 34.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, viajó a Ceuta y calificó el cruce como una violación de la soberanía territorial española. Dijo que las autoridades aceleraban el retorno de quienes ingresaron sin autorización con plena cooperación de Marruecos.
Ceuta y Melilla son las únicas fronteras terrestres de la Unión Europea con África y periódicamente enfrentan intentos masivos, pero la escala de este movimiento no tenía precedentes. El Gobierno identificó como posible factor un fallo reciente del Tribunal Supremo que limitó las devoluciones sumarias de migrantes interceptados en el mar.
Varios cientos de personas regresaron por los pasos y aberturas de la valla después de encontrar poco alimento o refugio en Ceuta. Entre quienes esperaban del lado marroquí había mujeres y niños, junto con migrantes de Marruecos y de países africanos más al sur.
El episodio se convirtió rápidamente en una disputa entre gobiernos europeos. Francia ordenó reforzar los controles en su frontera con España y la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, amenazó con medidas extraordinarias, incluida la suspensión de Schengen con España.
España convocó al embajador italiano después de que el canciller Antonio Tajani dijera que la amnistía migratoria de Madrid alentó el tráfico. El choque expone la distancia entre la posición española sobre el aporte económico de la migración regulada y los gobiernos que exigen fronteras europeas más duras.



