Ucrania y Rusia mostraron disposición a volver a negociaciones mediadas por Estados Unidos, con una cuarta ronda evaluada para mediados de noviembre en Abu Dabi. Es movimiento diplomático, pero no evidencia que alguna parte haya moderado sus exigencias centrales.
El enviado estadounidense Steve Witkoff viajó a Oslo y San Petersburgo para reactivar el proceso. Un acuerdo humanitario separado en torno a Oleshky, en la zona ocupada de Jersón y vinculado con una iniciativa de Melania Trump, mostró que todavía son posibles pactos limitados.
Los contactos avanzan en medio de combates intensos. Rusia lanzó otra gran oleada de misiles y drones después de que Vladimir Putin aceptara en principio dialogar, mientras Moscú afirmó haber destruido más de 800 drones ucranianos. Negociación y escalada ocurren al mismo tiempo.
Rusia sigue reclamando el control total de Donetsk, Lugansk, Zaporiyia y Jersón, además del reconocimiento de Crimea. Sus fuerzas ocupan cerca de una quinta parte de Ucrania, pero no dominan todo el territorio formalmente reivindicado.
El Kremlin también exige la retirada ucraniana de zonas disputadas, renunciar a la OTAN, reducir las fuerzas armadas y cambios sobre idioma e Iglesia ortodoxa. Kiev considera esas condiciones un programa de subordinación política, no una fórmula de compromiso.
Ucrania se niega a ceder territorio y pide congelar los combates sobre la línea actual antes de negociar el fondo. También exige garantías creíbles, porque una tregua sin mecanismo de aplicación podría dar tiempo a Rusia para rearmarse.
Los modelos siguen en disputa: ingreso en la OTAN, una promesa estadounidense similar al Artículo 5 o una Coalición de Voluntarios europea que sostenga un ejército ucraniano fuerte. Washington descarta por ahora la OTAN y ninguna alternativa ofrece protección equivalente.
La confianza en el canal estadounidense es débil tras los roces entre Donald Trump y Volodímir Zelenski, la compra de diésel ruso y pausas en sanciones e inteligencia. Las conversaciones pueden reducir riesgos inmediatos, pero la paz duradera exige decisiones aún pendientes.



